viernes, 22 de febrero de 2013

Proyectos e inconvenientes en el Casco Histórico (VI)



La Oficina Técnica del Casco Histórico elaboró 14 proyectos iniciales en función de la revitalización del Centro Histórico.  Tales fueron, la reestructuración  de la Casa de Tejas (en la foto) y conversión de El Zanjón en un Parque, el Parque El Mirador, restauración de la Calle Venezuela, recuperación de las Galerías del Paseo, reestructuración de la Calle Bolívar, restauración de La Escalinata, reestructuración de la Plaza Miranda, recuperación de la Plaza Farreras, de la Plaza del Cine Río, la Plaza Arismendi en Santa Ana, de la Casa de los Tribunales en la calle Dalla Costa, recuperación de los techos de las manzanas, hacer peatonal el Cuadrilátero Histórico o calles de la Plaza Bolívar y recuperación de El Capitolio para adecuarlo a un centro de cultura.
El proceso de revitalización integral del centro histórico de Ciudad Bolívar comenzó e iba muy bien apegado a la Ordenanza de Protección y con el asesoramiento del Instituto Iberoamericano de España, pero años después comenzaron a surgir problemas generados por nuevos criterios gubernamentales. 
Los problemas surgieron uno tras de otro hasta deformar por completo la política de revitalización inicialmente trazada: falta de fidelidad en la continuidad administrativa, complacencia con las malas intervenciones y Gobernadores cayeron en la trampa de quienes buscan figurar o hacer negocios cuando se presentan ocasiones de importancia y trascendencia como el proyecto de revitalización del Casco Histórico de Ciudad Bolívar. 
Primero fue el llamado “Grupo Ávila” con el proyecto de transformar la antigua y empinada Calle Bolívar en un  Boulevard  de frágil laja verde, con escalinatas, jardineras y postes que resultó todo un adefesio de permanente tortura y calamidad en tiempo de lluvia, luego la intervención de la Plaza Bolívar con bancos de concreto, armado estilo romano, eliminación de sus antiguas fuentes,  jardines y  sustitución de su piso de granito pulido por un sucio y poroso bomanite liso.
Con el advenimiento en 1990 del Gobierno de Andrés Velásquez y su compromiso ideológico con arquitectos caraqueños de la corriente modernista que le propusieron introducir un nuevo lenguaje arquitectónico en el proceso de revitalización, vale decir, la arquitectura de contraste, lo antiguo con lo moderno, el problema se agravó hasta el punto de provocar la suspensión de los aportes y salida definitiva de España del proyecto. Al comienzo hubo rotunda resistencia por parte de la encargada de la Oficina Técnica, arquitecta Elisa Rodríguez Landaeta, quien también era funcionaria del Ministerio de Desarrollo Urbano (Mindur),  pero luego de su repentino fallecimiento y llenada la vacante con la arquitecta Rosángela Yujure, del citado grupo caraqueño integrado además, entre otros,  por Oscar Tenreiro, Francisco Sexto (Farruco) y el Director de Cultura Benito Yrady, quedó el camino totalmente despejado para la tendencia modernista no obstante la oposición de los arquitectos restauradores especializados de la Universidad Central.
En la Oficina Técnica existen proyectos para aprovechar los terrenos vacuos por demolición o desplome de inmuebles, levantando edificaciones de arquitectura diametralmente opuesta a la tradicional, no solamente en estilo sino alterando la volumetría y escapándose de escala y contexto ambiental.  Ejemplo, el Teatro adosado al antiguo cuartel  El Capitolio que se halla en ejecución en la plaza Miranda.  Mucho antes, en los años cincuenta del siglo pasado ya se había cometido el pecado con el edificio Venezuela de cuatro pisos, mandado a construir por un prestamista hispano de nombre Florindo González.



El Teatro de Óscar Tenreiro (VII)

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El Gobierno de Andrés Velásquez, no obstante  la existencia de un proyecto de Teatro moderno en ejecución en los predios del  Jardín Botánico, contrato otro proyecto  al arquitecto caraqueño Oscar Tenreiro, pero adosado al antiguo Capitolio de la Plaza Miranda.
 Se trata de un edificio de siete niveles  que quedaría bien en otro lugar pero no allí adosado a la antigua obra del siglo diecinueve de Alberto Lutowski, porque sobrepasa la capacidad de soporte del Capitolio y afecta la lectura espacial del edificio, tanto en perspectiva cercanas como del conjunto urbano. 
El Teatro, debido a su magnitud, adosado y adherido al volumen del Capitolio, lo disminuye y lo desmejora, modificando sus características prominentes, elimina sus vistas y bloquea la luz en detrimento de sus espacios interiores que son, por otra parte, uno de los valores del monumento.  Esto no lo digo yo.  Lo afirma un informe levantado  por una Comisión de expertos integrada por arquitectos del Conac, la UCV,  Mindur y la Junta Nacional del Patrimonio Histórico.  Incluso ese Proyecto de Tenreiro fue rechazado por la Municipalidad en agosto de 1992 y aún así el Gobierno Regional ordenó su ejecución.
Al respecto ¿qué establece la Ordenanza de Protección del Casco Histórico? En el estudio de revitalización cuyo instrumento legal es la Ordenanza se establece que “en el Centro Histórico toda obra nueva, ampliación o mejora que se realice en los espacios abiertos deberá integrarse al contexto urbano existente”.  Igualmente que “todo ámbito o espacio abierto dentro del Centro Histórico, deberá revitalizarse conjuntamente con la totalidad de los inmuebles circunscritos a dicho ámbito, independientemente de su grado de valor”.  Asimismo, que “desde los espacios abiertos se regularán también el efecto y la incidencia de toda la obra de conservación a realizar en el Centro Histórico, cuidando las secuencias visuales, urbanas y paisajísticas de dicha área”. 
Sin embargo, estas normas tan claras no parece cumplirse en el proyecto de El Capitolio convertido en Centro de las Artes con un teatro de siete pisos adosado,  la Casa Antonio Lauro cuya proyectista, nada menos que la entonces Jefe de la Oficina Técnica, arquitecto Rosángela Yajure, quería adosarle un teatrino con una cúpula presbiteriana y la Casa Otero con la cual un arquitecto contratado en España quiere ensayar un mestizaje de lo colonial con lo moderno, el edificio de la Prefectura que se ejecuta en la calle El Progreso y la conversión del antiguo Asilo de Enajenados en un centro educativo, la ampliación de la Escuela de Música en la calle Igualdad, donde las propuestas no se integran sino que, por lo contrario, contrastan, se escapan del contexto ambiental y alteran desmedidamente la volumetría.
Además del Gobierno, tampoco el sector privado cumple la Ordenanza, visiblemente los propietarios de establecimientos comerciales del Casco Histórico. Hay evidentemente renuencia por parte de los comerciantes del  Casco Histórico de acatar y observar estrictamente lo que ordena y demanda la Ordenanza respectiva, por ejemplo, suprimir los letreros, anuncios, pancartas, puertas santa-maría, protectores metálicos, aparatos de aire acondicionado hacia fuera y otros elementos que desvirtúan las formas arquitectónicas tradicionales de las fechadas de los inmuebles.
La colina del Parque  en cuya cúspide fue erigida la Fortaleza de El Zamuro, se halla rodeada de Vayas y avisos propagandísticos y comerciales que no tan sólo violan fragantemente la Ordenanza sino que ofrecen un aspecto visualmente chocante y lamentable.


Ignoran ordenanza del Casco Histórico (VIII)




La Ordenanza, instrumento legal concebido especialmente conforme al estudio de revitalización integral del  Casco Urbano que aún guarda en muchos de sus inmuebles la memoria de lo que fue la ciudad de los siglos dieciocho y diecinueve, fue sancionada por el Consejo Municipal en junio de 1987, pero comerciantes, profesionales, buhoneros  y familia residentes de la zona parecen ignorarla.
La ignoran a pesar de que la misma fue durante meses discutida en sesiones abiertas de la Municipalidad, la ignoran a pesar de largos foros, informaciones de prensa, reuniones con la Cámara de Comercio, con los vecinos y otras instituciones que al final convinieron en la necesidad de conservar y respetar la composición, homogeneidad y armonía de los inmuebles, así como las características tipológicas tradicionales tanto arquitectónicas como urbanas del antiguo e histórico casco urbano Angostureño.     
Pero el problema no es sólo que comerciantes, profesionales y residentes la ignoren, que ignoren la existencia de esta Ordenanza especial del Casco Histórico y su obligación ciudadana de acatarla. El problema también es que no hay autoridad que ejerza el juramento de cumplir y hacer cumplir las Ordenanzas. Pareciera que la única Ordenanza que la autoridad hace cumplir es la del Impuesto y las otras implicadas en el orden presupuestario de los ingresos.
Si la Ordenanza se aplicara estrictamente y sin contemplaciones de ninguna índole, el Casco Histórico no estaría como está degradado y deteriorado.    Entre los males del centro histórico están las numerosas casas abandonadas, en escombros, en ruinas.  ¿Qué puede hacer una Ciudad con sus cosas vacías, casas en ruinas, en escombros? Si quienes administran la ciudad nada hacen, la ciudad, que es su gente como alguna vez escribió Mario Briceño Iragorri, no puede hacer nada, sino esperar la muerte. En todo caso, la Ciudad es un ser vivo que nace, crece, se desarrolla y puede morir tras decadencia y deterioro serio de su vida. La Capital de Guayana tiene más de 400 años, desde que don Antonio de Berrío la fundó con el nombre de Santo Tomás de la Guayana, por allá en las fronteras con el Delta. Nació y anduvo correteando entre el Caroní y el Delta hasta estabilizarse en la angostura del Orinoco. Ha crecido, estuvo una época floreciente. Juan  Vicente González la llamó “La Fenicia de Venezuela” Pero la salud de la ciudad se halla resentida y no cuenta con buenos médicos, aunque sí con  expertos sepultureros que son los dueños de las casas vacías en ruinas.
            Pero las ciudades en esa situación, aún alientan la esperanza de una voz como la bíblica que le diga “Levántate y anda”. Pero la ciudad nunca podrá levantarse sola. Necesita una mano. La mano firme de sus vecinos, en fin, de sus amigos. Mientras la ciudad la remiendan por un lado es atacada y herida por el otro, por el lado de sus casas abandonadas por quienes se fueron hace tiempo de la ciudad y la dejaron a la aventura del inquilino desarraigado.
            Ellos, podríamos decir, que son los sepultureros de la ciudad, virtualmente gente que todo lo puede, intocables, nadie se mete con ellos, nadie los expropia, nadie los cita, nadie les dice nada y los bolivarenses se preguntan ¿cuándo los concejales van a legislar, a producir otra ordenanza específica sobre las casas vacías, abandonadas y en ruinas. Una Ordenanza nada complaciente con los sepultureros, pero que dignifique a la ciudad y que coadyuve al llamado proceso de revitalización que iniciado hace más de tres decenios.
        

Proyectos para revitalizar Casco Histórico (XIX)



Veintiún proyectos de intervención fueron propuestos y acogidos por el Gobierno Regional a  solicitud del equipo técnico español-venezolano con la intención de ir revitalizando progresivamente el casco histórico de la ciudad.
El presidente de la junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, doctor Rafael Armando Rojas, quien a su vez era comisionado de la Presidencia de la Republica, informó al Gobierno Nacional sobre las bondades del estudio y este  autorizó plenamente al Gobernador para que se hiciera todo  cuanto valiera la recuperación gradual del casco histórico angostureño. De manera que el Gobernador Rene Silva Idrogo instruyó al ingeniero Aziz Rassi, director de Obra Publicas, para que cuanto antes arrancara por lo menos con dos de los proyectos, asesorado por el  Instituto de Cooperación Iberoamericana cuyo presidente el doctor Luís Yañez estuvo a principios de año en la ciudad auscultando con asombro el paisaje físico de la capital bolivarense.
            Para comenzar se escogió el Mirador (16 mil metros cuadrados), previa revalorización de sus elementos naturales  El proyecto de intervención del Mirador, destacó en su análisis pormenorizado  de que se trataba de una importante área de sombra, arbolada hacia el Este, coincidente precisamente con la zona de brisa del Río que sopla siempre Norte-Este; una punta rocosa que avanza hacia el río entonces  invadida por un Cafetín-Restaurante de una tipología de materiales absolutamente desastrosos, desubicados, degradantes, y una zona rellenada donde están los Juegos Mecánicos.
            El Mirador Angostura, punta pedregosa del  Orinoco donde los colonizadores erigieron bis a bis con la Batería San Rafael en Soledad, el Fuerte San Gabriel que controlaba el paso del río, es uno de los puntos socialmente neurálgicos de la Ciudad.
            Además del Fuerte, estuvieron allí la  bomba de succión del acueducto cuando este funcionaba con máquinas de vapor; el pintoresco y bullicioso Mercado Municipal  demolido durante la gestión del Gobernador Eudoro Sánchez Lanz para dar lugar en las afueras de la ciudad a los llamados Mercados Periféricos y finalmente un bar- restaurante.
La Oficina Técnica transformó la zona del Mirador en un Parque de tres áreas  diferentes, pero interrelacionadas en el uso y correlativas entre si. Se creó una zona de sombras y el motor del diseño, lo constituyó el propio suelo del lugar que es el que aglutina todos los elementos de diseño, sube, baja, desciende, se dobla, se mueve abrazando todas las áreas. Se dio también que el suelo es móvil y rocoso como sus alrededores y se impuso la idea de recuperar un poco la textura de esas rocas. El área arbolada se convirtió en estación de descanso con una serie de bancos circulares en torno a los árboles, y un gran circulo que hace el propio suelo. De espaldas y conectada con ella un Anfiteatro con tres gradas que descienden y  abierto hacia ese gran escenario natural que es el río. Y estas dos áreas se complementan con una zona de Restaurante, Cafetín en una edificación en la punta estilo de kiosco de jardín recuperando un poco la tipología de las celosías, columnas y demás elementos caracterices del Paseo Orinoco.
            El Mirador Angostura, donde por error de concepción predomina la Piedra, piedra extraída de las canteras del Miamo, sigue siendo  por fuerza del paisaje y el río, un sitio de atracción popular muy mal servido. El Gobierno Regional, su administrador a través de una concesión, no ha sabido aprovechar la importancia paisajística y social de ese Parque a la orilla de nuestro gran río, el que sólo parece tener vida durante la pesca temporal de la Sapoara


Proyecto de El Zanjón (X)

Después del Mirador, la Oficina Técnica del Casco Histórico de Ciudad Bolívar, le dio paso a la ejecución del El Proyecto de El Zanjón, zona natural de cinco hectáreas delicadísima y extremadamente bella.  Lo único que necesitaba entonces para  su revalorización era que se la pudiera percibir, cosa entonces  imposible por las invasiones de la cual era objeto.
            El proyecto acogido por la Gobernación para ser puesto en práctica, perseguía fundamentalmente limpiar la zona totalmente y dejar al descubierto las rocas y las especies vegetales auténticas y autóctonas.
Se contemplaba en el proyecto una plantación de nuevas especies vegetales, de senderos, de caminos, de escalinatas, pero todo ello siempre con la idea de no introducir ningún elemento fijo reversible por el mismo hecho de ser un Parque natural. El equipo lo denominó certeramente “Parque de Aventuras”, porque es eso, un parque para descubrir, un parque de esculturas naturales que son esas piedras multiformes de texturas muy particulares que afloran y se sumergen por envesados senderos y que a cada persona que pase por allí le debe inspirar una cosa distinta. El proyecto fue concebido de suerte que cada quien que pase por allí redescubra el Zanjón en la medida que lo recorra, de arriba abajo, de abajo a lo alto, de un lado a otro o de una roca a otra. Tiene infinitas posibilidades de redescubrirse ese Parque.
Algo muy importante que se planteaba la arquitecta María Luisa Cerrillo era el tema de la iluminación, uno de los aspectos del proyecto que tenía que resolver la Oficina Técnica porque se trataba de la iluminación de una inmensa y hermosa escultura, y, en función de cómo se hiciera, realmente el resultado podía ser espectacular.
Para  1987 el problema que tenía El Zanjón era el de 54 invasiones que nada tenía que ver con los inmuebles de la calle principal ni con los inmuebles consolidados, sino con las rancherías que invadían las zonas de las rocas, levantadas sobre las rocas en forma inverosímil, pues eso requeriría un proceso de expropiación que en muchos casos se llevó con éxito.
El Gobierno Regional comenzó irremediablemente la erradicación de los invasores, teniendo especial cuidado con la gente que tradicionalmente ha vivido en el Zanjón. La gente con arraigo en el Zanjón fueron reubicados en el casco histórico, lo más próximo a esa zona. También se ejecutó un proyecto de vivienda social colectiva en un solar frente a la Escalinata  propiedad de la Gobernación. La idea era que otra serie de casas declaradas de uso social específico, también fuesen utilizadas para proyectos de promoción de viviendas sociales. Lo importante era que gente que llevaba tradicionalmente en la zona una serie de años y que presentaba unos derechos adquiridos a nivel  personal con su medio, con su zona, no se le erradicara de allí ni se le mandara a vivir  a cientos de kilómetros.
Se analizaron 53 viviendas y se calificaron de uso social específico.  Estas fueron adquiridas por Mindur.
El Proyecto de El Zanjón, al final, fue ejecutado a medias, es decir, quedó inconcluso por que el Instituto de Cooperación Iberoamericano no estuvo de acuerdo con algunas políticas del Gobierno sugeridas por un grupo de arquitectos modernistas venido de Caracas, interesado en ensayar la arquitectura de alto contraste en el casco histórico como ocurrió con el Teatro adosado al antiguo Cuartel “El Capitolio” en la Plaza Miranda.