jueves, 21 de febrero de 2013

Buhonería en el Casco Histórico




La falta de continuidad administrativa en las políticas civilizatorias ha hecho en el caso específico del centro urbano de la ciudad capital, que la buhonería todavía en estado incipiente en los años setenta del siglo pasado, haya tomado proporciones alarmantes.
            La buhonería en un principio era inofensiva, más bien pintoresca, encantadora, dispersa: la vendedora de dulces, el pregonero,  el amolador de cuchillos, el vendedor de chicharrón, el chichero, el heladero, el zapatero remendón, el frutero.  Esos vendedores tradicionales y prestadores de servicios se hallan ahora inmersos en una compleja estructura socioeconómica y cultural que los envuelve, minimiza y confunde.
Son varias las tipologías que hoy observamos en esta nueva estructura socio económica mejor conocida como la buhonería: Quienes recurren a ella como un medio para proveerse de recursos modestos para su núcleo familiar a falta de empleo estable; quienes se ven como una extensión de los establecimientos comerciales formalmente instituidos; quienes conciben este medio como una fuente  rápida de enriquecimiento y quienes lo utilizan como parapeto para la venta de estupefacientes. 
También se cuentan los super-buhoneros.  Por ejemplo,  buhonero con varios puestos de venta en varios puntos de la ciudad, a cargo de terceros, mientras él anda moviéndose en un carro de lujo. Sus ingresos brutos pueden alcanzar, en algunos casos, varias veces el salario mínimo actual en pocos días de trabajo, especialmente quienes expenden ropa, calzado, alimentos preparados, entre otros.
Son varios los problemas que derivan de la creciente buhonería que cada día va arropando a la ciudad desde su mero centro: la dificultad de circulación de los transeúntes por las aceras, plazas y sitios abiertos de la ciudad en consideración  al hecho de que los buhoneros ocupan permanentemente estos espacios;  el incremento de la delincuencia en estas áreas;  deficiencia en la prevención y atención de los cuerpos de seguridad y vigilancia del Estado (Policías, Vigilantes de Tránsito);  dificultades para la atención de emergencias por parte de los Cuerpos Bomberos y de Defensa Civil en puntos donde calles completas como la dalla Costa, Calle Piar, Calle Roscio, Calle Urica y calle Anzoátegui están tomadas por la buhonería;  obstrucción del tránsito vehicular, tanto del transporte público como de la ciudadanía en general, por puntos viales dedicados a tal fin;  distribución ilegal de productos o copias; el incremento de los volúmenes de basura, deterioro de los espacios públicos y contaminación ambiental, visual y sonora.
El problema se agrava cuando la gestión política tanto de la Alcaldía como de la Gobernación y ahora las juntas parroquiales o Concejos Comunales se caracterizan por la inexistencia de un plan coordinado, estructurado y coherente con la solución de las complejidades asociadas, así como de la no-disposición del Alcalde y el Gobernador para involucrarse en un problema de muchas aristas.
Como observamos, no ha habido una seria, dedicada y responsable disposición política para resolver este ingente problema de la buhonería brutal. Situación que contrasta con el esfuerzo y seriedad con el que otras Alcaldías del país se han orientado a buscar una solución. Por ejemplo: edificándoles puestos apropiados, promoviendo la ocupación de los locales comerciales vacíos, definiendo plazos para ello, haciendo cumplir las ordenanzas municipales y las leyes sobre la ocupación de espacios públicos, tránsito y vialidad, permisos sanitarios y los emitidos por la Alcaldía y finalmente, supervisando y actuando sobre el comercio ilegal.
La Alcaldía y la Gobernación tienen un papel importante en la formación de la ciudadanía, en la formación del nuevo habitante, en la concienciación del pueblo como un todo.  La educación, la política, la comunicación y la economía, no pueden diluirse por la no-gestión o la gestión-irresponsable.

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