viernes, 22 de febrero de 2013

Recuperación de la Calle Venezuela (XIII)




El Programa de Revitalización Integral del Casco Histórico comprendía la recuperación de la Calle Venezuela y en ello venía trabajando ardorosamente la arquitecta Elisa Rodríguez Landaeta cuando sorpresivamente la rindió mortalmente el disgusto sufrido por la tala de una Ceiba centenaria cercana al Museo de Arte Moderno Jesús Soto.
            Recuperar la Calle Venezuela significaba recuperar el alineamiento de los inmuebles, recuperar las características tipológicas que tienen en conjunto, aún sin ser éstos de valor histórico o artístico, recuperar la calidad visual por su continuidad, armonía y uniformidad, evitar las malas intervenciones y lograr la conservación y restauración de inmuebles de estilo arquitectónico de influencia colonial como  el inmueble adquirido por Luis Ishicawa que hace esquina con la calle Libertad y el diagonal donde están la Farmacia Unión el Hotel Ritz; la casa donde nació Llovera Páez, la antigua casa Mercantil de F. E. Salazar y la Casa donde se hospedaron los diputados al Congreso de Angostura, el Hotel Las Delicias y la Casa de las Doce Ventanas ya totalmente recuperada y restaurada.
            En tiempos de la Colonia la Calle Venezuela era conocida como Calle Principal y posteriormente en 1900 como Calle 30 Llaves.  En verdad no era toda la calle Venezuela sino la parte comprendida entre las calles Piar  (callejón de los Dalton) y Miscelánea (Dalla Costa).  A lo largo de ese espacio había treinta negocios protegidos por grandes puertas de madera con cerraduras antiguas y manojo de llaves descomunales. Famosa en la Calle 30 Llaves era la Tintorería de Maximiliano Rodríguez y en 1910 el Club Apolo que después fue mudada a Santa Justa.   Al lado de la esquina Treinta Llaves estaba la casa de la Editorial La Empresa que editaba el vespertino El Luchador de los Hermanos Suegart.  En esa esquina está hoy la Zapatería El Coloso y en la diagonalmente opuesta estuvo el Depósito de sal del Gobierno  Existió también en  las inmediaciones el Barrio Treinta Llaves llamado después la Ciudad Perdida.
            En la Calle Venezuela haciendo esquina con la Calle Dalla Costa existió un establecimiento muy animado, humorísticamente visto como una “segunda instancia” donde casos judiciales que se trancaban y enredaban en los tribunales podían encontrar allí su más conveniente solución.
            Al frente oeste del Café España, un hebreo de apellido Garay tenía una tienda mixta, pero a esa  esquina del hebreo quien le daba connotación era  Pedro Montes que estaba al lado con su comercio llamado “Salón Columbia” que vendía rockolas y luego se cambió para el ramo de ferretería.  El vivía en la parte alta del negocio y  en su tiempo mozo se destacó como novillero en el Circo Monedero, era un personaje singular con pantalones de tiro y un tic de mano golpeando un costado de la barriga.  Cuando tuvo carro por primera vez, aquello era una tragicomedia para pasar una esquina.
En la esquina norte opuesta al Café España estaba la casa donde operaba la Botica Vargas.  El inmueble fue comprado a Ernesto Bilancieri por el hermano de Jorge Azis para instalar el actual Almacén La Trinidad.  La Botica Vargas  vendía la infalible Crema del Doctor Auché indicada contra las manchas de la viruela.  Zarzaparrillas y píldoras del Doctor Bristol se apreciaban como remedios soberanos para el hígado y la sangre.  También en la Botica Vargas se ofrecía la “Panacea Espléndida” como “remedio eficaz contra el paludismo”.  La promoción publicitaria  decía que se trataba de una “combinación de varias sustancias vegetales capaz de contrarrestar los estragos del veneno miasmático en el cuerpo humano”.
                       

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