jueves, 21 de febrero de 2013

El Cementerio del Casco Histórico (23)




Con motivo de la conferencia sobre piezas tumularias del mundo dictada por el arquitecto Ciro Caraballo en la Casa del Congreso de Angostura, se habló de la posibilidad de un decreto declarando al  Cementerio Centurión “Monumento Público Regional”; sin embargo, tenemos entendido que este camposanto quedó afectado como tal con el Decreto 134 de Roberto Arreaza Constasti (1976) y luego con la Resolución de la Junta Protectora  y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación.

            Aún cuando la Oficina del Centro Histórico haya errado en la demarcación del plano de lo que es el casco urbano angostureño, el Decreto 134 como la resolución de la Junta son claros al dejarlo determinado entre el  Paseo Orinoco, desde la calle El  Pilar hasta la calle Piar bajando hasta la esquina El Sordo, siguiendo la avenida Cumaná hasta empalmar con la Democracia prosiguiendo hasta el cruce con el Paseo Gáspari y tomando finalmente la calle El Pilar hasta empalmar con el  Paseo Orinoco.
            Entonces es obvio que  el Cementerio está afectado por el  Decreto Regional y la Resolución  de la Junta Nacional como lo está igualmente la Plaza Centurión. Lo importante, como está planteado es que al  Cementerio se le asista tal cual como se viene haciendo con el resto del Casco Histórico, no sólo por el hecho de estar dentro del perímetro sino porque ese cementerio fue construido en los albores de la Independencia, porque su interior guarda los restos de próceres nacionales y regionales y por el valor artístico de mucho de los panteones que allí se encuentran desde el siglo diecinueve.
El Cementerio actual tiene más de 180 años, pero pudiéramos decir que tiene la misma edad de la ciudad porque antes que se oficializara con muros, rejas y capilla, en el mismo sitio la errática capital de la provincia comenzó a enterrar sus muertos. Pero desde los años setenta se acabaron los espacios en su interior para nuevas tumbas aunque muchas son reutilizadas luego que el tiempo biológico queda reducido a polvo “Post mortem nihil est”  y aún cuando no haya un espacio más, el Cementerio seguirá vivo en el amor de quienes por cualquier vía descienden o dependen de los muertos; seguirá vivo en el responso y las flores del 2 de noviembre o del aniversario individual de quienes allí reposan; seguirá vivo como reliquia arquitectónica pues en toda su estructura es detectable el material y la técnica de construcción predominantes en el curso de dos siglos, desde la piedra bruta y el barro pasando por el ladrillo hasta el bloque, la mampostería y el mármol. En fin, seguirá vivo en sus bien labradas piezas tumularias, en su estatuaria de cruces, cristos, vírgenes, ángeles, serafines y los más variados símbolos de la ultimidad, en sus mármoles blancos de Carrara, en sus mármoles negros de Bélgica y en sus mármoles amarillo de Siena y hasta en el jaspe y el cuarzo de nuestras canteras.
            El neoclasicismo algunas veces añorando el rococo hasta  el arte moderno están representado allí en muchos monumentos, sepulcros y panteones familiares, sólo que muy maltratados por el abandono, el monte y las raíces de árboles y arbustos que germinaron y crecieron allí espontáneamente. El tronco de un frondoso Matapalo prácticamente quedó incrustado en la tumba alta de Rudolf Ferdinan Groos fallecido en 1868 y así se puede decir de otras oprimidas por los tentáculos de una acacia o un guayacán.
            Hay monumentos valiosos del siglo pasado que deberían ser preservados como el de los Dalton en forma piramidal levantado en 1883; el de María de Von Buren en 1863; el de Alejandro Mantilla Olivares (1888); el de Luisa Josefa de Alcalá de Aristeguieta (1856); el de Geni Pérez (1863); Isabel Ballenilla (1850); el de José Lezama; el de Clemencia Romberg (1882). Hay otros no identificados porque hasta las lápidas han desaparecido. Recordamos que la lápida de la que fue tumba de Tomás de Heres fue grabada por el reverso y utilizada en otra tumba. Luego fue rescatada y hoy está en depósito en el Museo de Ciudad Bolívar.  Los citadinos aguardan que la Alcaldía y la Municipalidad se ocupen del Cementerio Histórico de la ciudad, remodelándolo, delineando sus sendas, censando las tumbas, estableciendo vigilancia permanente y logrando que sea un atractivo o sitio de interés más de la ciudad como lo es el Cementerio de Montmartre de Paris.


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