viernes, 22 de febrero de 2013

El Teatro de Óscar Tenreiro (VII)

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El Gobierno de Andrés Velásquez, no obstante  la existencia de un proyecto de Teatro moderno en ejecución en los predios del  Jardín Botánico, contrato otro proyecto  al arquitecto caraqueño Oscar Tenreiro, pero adosado al antiguo Capitolio de la Plaza Miranda.
 Se trata de un edificio de siete niveles  que quedaría bien en otro lugar pero no allí adosado a la antigua obra del siglo diecinueve de Alberto Lutowski, porque sobrepasa la capacidad de soporte del Capitolio y afecta la lectura espacial del edificio, tanto en perspectiva cercanas como del conjunto urbano. 
El Teatro, debido a su magnitud, adosado y adherido al volumen del Capitolio, lo disminuye y lo desmejora, modificando sus características prominentes, elimina sus vistas y bloquea la luz en detrimento de sus espacios interiores que son, por otra parte, uno de los valores del monumento.  Esto no lo digo yo.  Lo afirma un informe levantado  por una Comisión de expertos integrada por arquitectos del Conac, la UCV,  Mindur y la Junta Nacional del Patrimonio Histórico.  Incluso ese Proyecto de Tenreiro fue rechazado por la Municipalidad en agosto de 1992 y aún así el Gobierno Regional ordenó su ejecución.
Al respecto ¿qué establece la Ordenanza de Protección del Casco Histórico? En el estudio de revitalización cuyo instrumento legal es la Ordenanza se establece que “en el Centro Histórico toda obra nueva, ampliación o mejora que se realice en los espacios abiertos deberá integrarse al contexto urbano existente”.  Igualmente que “todo ámbito o espacio abierto dentro del Centro Histórico, deberá revitalizarse conjuntamente con la totalidad de los inmuebles circunscritos a dicho ámbito, independientemente de su grado de valor”.  Asimismo, que “desde los espacios abiertos se regularán también el efecto y la incidencia de toda la obra de conservación a realizar en el Centro Histórico, cuidando las secuencias visuales, urbanas y paisajísticas de dicha área”. 
Sin embargo, estas normas tan claras no parece cumplirse en el proyecto de El Capitolio convertido en Centro de las Artes con un teatro de siete pisos adosado,  la Casa Antonio Lauro cuya proyectista, nada menos que la entonces Jefe de la Oficina Técnica, arquitecto Rosángela Yajure, quería adosarle un teatrino con una cúpula presbiteriana y la Casa Otero con la cual un arquitecto contratado en España quiere ensayar un mestizaje de lo colonial con lo moderno, el edificio de la Prefectura que se ejecuta en la calle El Progreso y la conversión del antiguo Asilo de Enajenados en un centro educativo, la ampliación de la Escuela de Música en la calle Igualdad, donde las propuestas no se integran sino que, por lo contrario, contrastan, se escapan del contexto ambiental y alteran desmedidamente la volumetría.
Además del Gobierno, tampoco el sector privado cumple la Ordenanza, visiblemente los propietarios de establecimientos comerciales del Casco Histórico. Hay evidentemente renuencia por parte de los comerciantes del  Casco Histórico de acatar y observar estrictamente lo que ordena y demanda la Ordenanza respectiva, por ejemplo, suprimir los letreros, anuncios, pancartas, puertas santa-maría, protectores metálicos, aparatos de aire acondicionado hacia fuera y otros elementos que desvirtúan las formas arquitectónicas tradicionales de las fechadas de los inmuebles.
La colina del Parque  en cuya cúspide fue erigida la Fortaleza de El Zamuro, se halla rodeada de Vayas y avisos propagandísticos y comerciales que no tan sólo violan fragantemente la Ordenanza sino que ofrecen un aspecto visualmente chocante y lamentable.


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